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El medio es el mensaje (1)

Eduardo | 02 Mar 2010

Creo que el mejor punto de partida para revisar algunas ideas interesantes en la obra de Marshall McLuhan es su sentencia más famosa y más discutida:

En una cultura como la nuestra, largamente acostumbrada a partir y dividir todas las cosas como una forma de control, es a veces un poco sorpresivo recordar que, operacional y prácticamente, el medio es el mensaje.

La traducción es mía de las primeras líneas de la edición en inglés de Comprender los medios de comunicación: las extensiones del hombre (Understanding Media: The Extensions Of Man. London: Routledge, 2001). Como casi todo el libro, esta sentencia y todo su trasfondo son sumamente oscuros y se prestan a multiplicidad de interpretaciones, pues el lenguaje de McLuhan es ambiguo y confuso, cargado estéticamente y exento de la normatividad textual que uno esperaría (rara vez McLuhan indica la referencia exacta de las fuentes que utiliza, y su estilo es más de impacto que analítico). La archiconocida sentencia que reza que “el medio es el mensaje” no es diferente: la interpretación que se le ha dado ha llevado, además, a circunscribir el carácter de McLuhan mismo dentro de parámetros que lo acercan más a su faceta de marketero-casi-vendedor-de-serpientes que a sus dimensiones mucho más filosóficas.

Esto es porque la idea de que el medio es el mensaje puede, gruesamente, tomarse de dos grandes maneras: una superficial y automática, y otra más bien complicada y demandante. La primera es la interpretación que toma la noción del medio como mensaje como una simple y lineal apología de la retórica en su forma más chata: decir que el medio es el mensaje es decir que no importa, realmente, qué es lo que uno esté diciendo, sino que lo que importa es cómo uno lo diga. El contenido no tiene valor, sino que lo que importa es la forma en la cual se expresa un mensaje. McLuhan queda, bajo esta interpretación, como un apologeta del lado más oscuro de la publicidad: aquel que no se preocupa por lo que vende, ni por sus consecuencias, sino tan sólo por construir un mensaje que genere el impacto deseado y modifique la conducta de los consumidores para cumplir con sus objetivos. Bajo esta interpretación (a mi juicio, incorrecta, y por lo demás aburrida), “el medio es el mensaje” es una sentencia que puede acompañar a otras grandes sentencias del calibre de “el fin justifica los medios”.

Pero hay, me parece, una manera más interesante de interpretar esta misma idea. Y es que, si McLuhan simplemente reivindicara la forma dejando de lado el contenido, estaría nada más invirtiendo el modelo que busca cuestionar y criticar. La formulación mcluhaniana se vuelve más confusa porque tiene un énfasis retórico al prácticamente reducir al contenido a una excusa, o un pretexto para la comunicación: pero el objetivo de esta reducción es en el fondo, me parece, llamar la atención sobre un prejuicio occidental de larga data: el prejuicio del contenido sobre la forma, y de la forma como nada más que un vehículo intercambiable para la circulación del contenido. El punto de McLuhan es que el prejuicio occidental por el trabajo del intelecto ha llevado a la incapacidad para tomar en consideración la manera específica en la cual los medios que utilizamos para comunicarnos ejercen una influencia determinante sobre aquello que comunicamos: la forma no solamente transporta el contenido, sino que al hacerlo inevitablemente lo transforma de maneras que no nos son plenamente obvias. No nos son obvias por dos razones: primero, porque nunca nos hemos detenido a pensar en eso. Segundo, porque pensar en eso implica usar los mismos medios, con lo cual la herramienta no puede servirnos para darnos una imagen plena de sí misma.

Aún en las primeras líneas, McLuhan precisa aún más el sentido de lo que está buscando resaltar:

Esto es simplemente decir que las consecuencias personales y sociales de cualquier medio -esto es, de cualquier extensión de nosotros mismos- resultan de la nueva escala que se introduce en nuestro asuntos por cada extensión de nosotros mismos, o por cada nueva tecnología. [Traducción mía]

El quiebre que McLuhan está incitando es multidimensional y no se limita solamente a la preponderancia del contenido sobre la forma. O, mejor dicho, una vez que se pone en cuestión esa preponderancia, todo tipo de nuevas consecuencias empiezan a salir a la luz. De esta precisión se desprenden dos de estas consecuencias que irán cobrando relevancia conforme McLuhan desarrolle su idea. La primera es la idea de que el significado de un medio, o el mensaje específico que uno debe buscar en cualquier medio de comunicación, no debe entenderse en términos lineales respecto a, por ejemplo, su capacidad para amplificar un mismo contenido a un mayor alcance. Es decir, la diferencia entre los periódicos y la radio, o entre la radio y la televisión, no es solamente que el nuevo medio transmite más información y la lleva más lejos. El mensaje de un medio radica en la diferente experiencia sensorial que cada medio ejerce sobre el usuario: la televisión implica una experiencia fenomenológicamente diferente a la de la radio, en la que diferentes sentidos y facultades cognitivas se involucran de diferente manera. Este íntima relación con los sentidos, a su vez, nos dice dos cosas. La primera es que en el universo mcluhaniano, la dimensión sensorial y corporal tiene un significado fundamental (de nuevo marcando un quiebre con un intelectualismo que sólo otorga valor al contenido mental). La segunda es que, porque la configuración de nuestra propia percepción sensorial está en juego, diferentes experiencias mediáticas no son solamente diferentes maneras de comunicar una misma realidad: en la medida en que reconfiguran nuestros sentidos, reconfiguran la manera misma como percibimos la realidad (y en esto bien puede recordarnos al buen Wittgenstein diciendo que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”).

La segunda consecuencia que se desprende a esta altura -y esto, me parece, ameritará mayor precisión por sí mismo- es que McLuhan pone en el mismo plano la idea de medios de comunicación, la idea de extensiones de nuestros sentidos y de nosotros mismos, y la idea de nuevas tecnologías. Desde aquí se introduce ya la manera fundamentalmente diferente en la que McLuhan entenderá la idea de tecnología en directa relación, primero, con nuestra vida sensible, y segundo, con la manera como configuramos nuestras lecturas de la realidad misma. El sentido específico de lo tecnológico en McLuhan es algo que amerita, sin embargo, un poco más de elaboración.

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Bienvenido a Mutaciones

Mi nombre es Eduardo Marisca y este es mi blog para imaginar futuros posibles en tiempos de pandemia global, a partir de un poco de diseño, tecnología y filosofía.

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