¿Y ahora qué hacemos?

El futuro será, con un poco de suerte y mucha paciencia, bastante mejor que el presente.

Eduardo Marisca | 02 Apr 2020

Estamos viviendo tiempos muy extraños. Mientras escribo esto, en el Perú se anuncia que, a partir de mañana, el tránsito por motivos esenciales se alternará cada día entre hombres y mujeres, en un esfuerzo por limitar la circulación y la interacción física entre las personas para mitigar la velocidad de contagio del COVID-19. Estamos en nuestra tercera semana de aislamiento obligatorio, y en similar circunstancia se encuentran casi todos los países de América Latina y el resto del mundo. Como nunca antes en la historia de la humanidad estamos casi todos en casa el mismo tiempo, pero con la capacidad para comunicarnos entre nosotros de manera permanente. La pandemia del COVID-19 es un acontecimiento de escala planetaria con impactos y repercusiones comparables únicamente con una Guerra Mundial. Y alrededor del mundo, estamos todos corriendo de un lado a otro tratando de entender qué es lo que está pasando, qué deberíamos estar haciendo, cómo deberíamos sentirnos, y si tenemos suficiente pollo en la refrigeradora o si hay que ir a comprar antes que cierren los mercados a las 4 de la tarde.

Estamos viviendo tiempos muy extraños, indeed.

En medio de toda esta locura, información no falta. Hay noticieros permanentemente en la tele, comunicados oficiales, estadísticas sanitarias, decretos de urgencia, entrevistas a funcionarios públicos, columnas de “líderes de opinión”. Hay lives en Instagram para los que quieren hacer crossfit, aprender a bailar salsa, cocinar pan de masa madre, o escuchar músicos tocando en vivo. Hay una avalancha de información que puede fácilmente aplastarnos entre diagramas de curvas exponenciales y modelos estadísticos de contagio. Pero a pesar de esta avalancha de información, mi impresión personal es que hay una escasez de sentido. Son pocos, aunque notables, los esfuerzos que existen por tratar de poner en un contexto más amplio todo lo que está pasando y empezando a hacer preguntas sobre el mundo que vendrá — un mundo que todo parece indicar será muy diferente al mundo del que venimos.

He estado pensando mucho sobre esto últimamente. ¿Cómo se verá el mundo del futuro? ¿Cómo será diferente, cómo será similar? Siento que hay mucho que pensar, imaginar, y decir al respecto — y es justamente eso lo que quiero empezar a hacer hoy. ¿Cómo va a cambiar el COVID-19 nuestros hábitos cotidianos, la manera como nos comportamos en casa? ¿La manera como interactuamos unos con otros? ¿Cómo va a cambiar nuestra economía y la manera como trabajamos? Hay industrias enteras que probablemente van a desaparecer por completo; otras, completamente nuevas, que aparecerán. ¿Cómo vamos a pensar de manera diferente la salud y la educación, el entretenimiento, la creatividad, el amor, el sexo, la literatura, la música?

No todos estamos en este momento allí donde las papas queman, atendiendo a los infectados y haciendo pruebas y rastreando casos y cuidando el orden público y desinfectando las calles y manteniendo las góndolas llenas de comida. Pero así como hay miles de personas tratando de que superemos la crisis, algunos podemos empezar a pensar en lo que pasará después, y en cómo prepararnos para eso-que-vendrá. Para ello el diseño, y especialmente el diseño especulativo, tienen una serie de herramientas que nos ayudan a hacernos preguntas sobre el futuro. A imaginarnos futuros posibles que nos ayuden a hacer mejores preguntas y plantear respuestas más interesantes. Preguntarnos no cómo resolvemos el problema, sino: ¿Qué pasará cuando lo hagamos? ¿Qué haremos en los próximos doce, dieciocho, veinticuatro meses? ¿Cómo quisiéramos que sea vea ese futuro y qué podemos hacer para que eso pase? ¿Y qué podemos hacer para que lo que no quisiéramos que pase, no pase?

He estado regresando bastante al principal análogo que se me ocurre para todo lo que está pasando: la época de la Peste Negra en la Europa del siglo XIX, cuando la peste bubónica arrasó con 2/3 de la población europea en tan solo unos años. El mundo europeo tal como era conocido hasta ese momento se vio completamente transformado. Pero desde dentro de la peste, era imposible mirar hacia adelante y ver que, tan solo unos años después, esas transformaciones darían en buena medida pie a que ocurra el Renacimiento, a que como especie empecemos a pensar sobre el mundo y sobre nosotros mismos de manera diferente. El mundo de la Peste Negra no tenía herramientas para entender, siquiera, lo que le estaba pasando, menos aún para pensar en lo que vendría después. Menos aún para prepararse. A nosotros, sin embargo, la pandemia nos encuentra en circunstancias muy diferentes. Nuestros recursos, nuestras herramientas, y sobre todo nuestras actitudes son distintas. Podemos aprender del pasado, y podemos imaginar cómo será el futuro.

Es por eso que he pensado en arrancar una nueva temporada para este blog. Mutaciones existe desde hace más de trece años, aunque ha estado básicamente inactivo los últimos seis. Pero con todo lo que está pasando, quiero empezar a pensar sobre estas cosas y compartir ideas abiertamente que con suerte pueden ayudar a echar un poquito de luz sobre el futuro, ayudar a generar un poquito de claridad sobre el mundo que vendrá — y hacerlo en un espacio donde pueda tomarme el tiempo de escribir y compartir, sin tener que estar “abriendo hilos” ni preocupándome por los views que recibo. Porque ese poquito de claridad puede ayudarnos a muchos de nosotros a sentirnos un poco más cómodos con la avalancha de incertidumbre en la que estamos metidos, a mitigar la ansiedad de no tener idea de qué es lo que va a pasar.

No es un esfuerzo por intentar hacer predicciones — no encontrarán aquí proyecciones exponenciales, curvas ploteando la trayectoria de la pandemia, ni recomendaciones sobre cómo adaptarse al trabajo remoto. Quiero tratar de ir más allá de los árboles para ver el bosque. Pensar en cuáles son los escenarios posibles y cómo hacemos para que sucedan (o no). Y tratar de mirar un contexto más amplio y complejo que lo que vemos en las noticias del día a día y los mensajes a la nación. Es decir: tratar de identificar, entender, y poner en su contexto las múltiples mutaciones por las que están pasando nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestra economía, nuestra vida en el planeta.

Hablo de “temporada” porque al igual que una serie de televisión, es una metáfora que me resulta útil. Este blog ha tenido, a grandes rasgos y para los que lo conocieron en el pasado, dos temporadas: una primera (cuando ni siquiera se llamaba todavía Mutaciones) enfocada mucho más en la filosofía y en cómo la filosofía podía transformarse en una época de cambio acelerado y responder a cosas nuevas que estaban pasando en ese momento. Y una segunda temporada enfocada en la tecnología, y en las diferentes maneras en que nuevas tecnologías permiten y modifican formas de expresarnos, comunicarnos, pensar, trabajar, producir, sentir. Todos estos años de notas e ideas seguirán existiendo en el archivo, y estoy trabajando para migrarlo en los próximos días porque pienso que también ahí hay cosas interesantes.

Pero inaugurar una nueva temporada también es una oportunidad para empezar de nuevo, con un nuevo tema y un nuevo tono, para empezar nuevas conversaciones y compartir nuevas ideas. Espero empezar a postear al menos una vez por semana, y sobre todo pienso escribir el tipo de cosas que a mí me gustaría leer: lejos de las noticias del día a día, y más bien pensadas como paseos conceptuales que atraviesan irresponsablemente múltiples disciplinas, historias y experiencias. Saltar libremente de historia medieval a epidemiología contemporánea, pasando por inteligencia artificial y filosofía práctica de la antigua Grecia con un poquito de game studies mezclado con biología y todo lo demás que me encuentre en el camino y que me llame la atención. Esto va a ser nerdeada al máximo, porque si saben cómo me pongo para qué me invitan. Prometo hacer mi mejor esfuerzo por ser transparente con lo que no tengo claro, pero no es este un esfuerzo por escribir un peer-reviewed paper, sino por esbozar futuros posibles que nos parezcan, ojalá, mejores que los presentes existentes. Que el fin del mundo nos encuentre bailando.

Para los que quieran enterarse de los nuevos posts cuando salgan, pueden seguirme en Twitter o suscribirse al newsletter donde compartiré el link cada semana (y quizás algunas otras cosas divertidas que vaya encontrando). Y para los que tengan preguntas o ansiedades particulares sobre las que les gustaría hacer doble click, ¡compártanlas! Envíenme un correo electrónico o escríbanme por Twitter para agregarlas a mi lista de temas que quiero desempacar en las próximas semanas, y poder hacer de esto un ejercicio un poco más participativo.

El futuro será, con un poco de suerte y mucha paciencia, bastante mejor que el presente. Pero solamente si nos damos el trabajo de imaginarlo para poder construirlo.

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Hola, soy Eduardo Marisca

Soy diseñador, escritor y filósofo trabajando con medios digitales desde Lima, Perú. Puedes conocer más sobre mí, o seguirme en Twitter o Instagram.